El asesino de Omar Cigarán es el Oficial de Policía Diego Walter Flores, clase 1979 y Legajo policial Nº174.704. Flores tenía 33 años de edad al momento de los hechos y había ingresado como Aspirante a Oficial de la Policía bonaerense en marzo de 2007 en la escuela Juan Vucetich. Flores realizó una rápida formación y pasó a prestar funciones en una dependencia de Quilmes.

Pese a ello, y por vivir en La Plata, tenía relación con agentes de las seccionales locales, entre ellas la Comisaría 2da de La Plata, a cargo del Jefe de calle Teniente Leonardo Chavarrito, conocido por los vecinos de Barrio Hipódromo como “Leo”, y del Comisario Carlos Gandolfi. El Jefe de calle y su personal pusieron mucho esmero en el patrullaje de la zona y en su momento fueron reconocidos por haber aprehendido a uno de los implicados de la causa “Píparo”, una salidera bancaria ocurrida en 2010.

Tras el asesinato de Omar, Flores continuó sus tareas en la dependencia de Quilmes, donde continúa en funciones trasladando presos y portando arma.

En su declaración indagatoria, un día después de asesinar a Omar, Flores acomoda una versión de los hechos donde, circulando con su auto por el lugar y al intentar impedir un supuesto robo, efectúa un disparo con su arma provocándole la muerte a Omar. Ante la fiscal Medina declaró: “Me tira la moto y me apunta y ahí le disparé. Me apunta con el arma en la mano izquierda. La gente me vitoreaba y yo pedía que llamen a una ambulancia”. Es más, el imputado Flores hasta se animó a describir la supuesta arma diciendo que “era un revolver, porque tenía tambor y un canito y era muy plateada, brillaba al sol” y “en todo momento el sujeto tenía el arma en la mano izquierda”. Cabe destacar que Omar era diestro.

Una mínima reconstrucción de los hechos basada exclusivamente en los dichos de los testigos contradice de plano esa versión. Tanto tres testigos que vieron distintos momentos de la secuencia como en propio Leandro Junquera, tambi’en sargento de la policía bonaerense y presunta víctima del robo de su moto, manifestó que sinti’o que le colocaron algo en el cuello pero que no sabía si hubo arma porque “vi como que empuniaba algo, pero no s’e si era un arma porque no la vi”.

El testigo Juan Manuel Achaval dijo sobre la existencia de algún arma que “no, no vi nada”. Además, ni de las placas fotográficas sumadas al expediente, ni del video de cámaras de seguridad aportado por el municipio de Ensenada, se puede inferir arma alguna en poder de Omar. Queda claro que sólo el imputado Flores, agente policial, expresó que Omar tenía un arma, en clara contradicción con el resto de la prueba incorporada al expediente.

Una vez más surge aquí la versión interesada de un accionar policial intachable, en respuesta a un ataque previo o como último recurso frente a una amenaza armada, y que suele ser el recurso habitual de todos los policías de gatillo fácil que echan mano a la “legítima defensa” frente a personas desarmadas, que reciben sus disparos huyendo, por la espalda o de costado. Desarmar esta versión y probar la realidad de los hechos es el desafío que tenemos en el juicio.